Un rico jamás puede dejar de ganar

Eran como 20 personas, sí, había ahí al menos unos 9 hombres y 11 mujeres, de los cuales, uno de ellos iba en muletas, no importaba cuanto le dolía la pierna, él fue a manifestarse.

Gloria, quien jamás se hubiera imaginado hacer una protesta, estaba también con la adrenalina de quien se va a poner afuera de una tienda departamental para expresar un hecho del que ella y quienes la acompañan, sienten como una injusticia.

Hace tan solo unas semanas, oficiales y encargados correspondientes pasaron al mercado y colonia “San Tadeo”, a verificar que los comercios que no eran indispensables, estuvieran cerrados. Así había sido la orden desde hace unos días, ya que en México había llegado un virus de fácil propagación, y evitar el comercio “innecesario” era una de las medidas que se habían decido para evitar que la gente se contagiara.  

-¿Qué es indispensable mamá?- dijo una pequeña, mientras observaba como le cerraban el negocio de la amiga de su mamá, quien tenía una papelería. La niña, quien jamás había visto oficiales tan cerca, agarro sus juguetes, no fuera que también se los llevaran, y es que, ella vio que mientras cerraban la papelería lo primero que quitaron fue un costal de pelotas que tenía en la entrada.

-Así como nosotras- respondió su madre, una joven de apenas 22 años, quien había sido abusada por su tío hace un par de años. La niña se tranquilizó, pero por si las dudas, oculto sus juguetes tras un costal de masa y decidió hacerse un taquito de sal de las tortillas que vendía su mamá.

Por eso, porque a raíz de ese tal virus llamado covid-19, habían dejado a miles de personas sin ingreso diario, ya que cerraron todo negocio que no fuera una farmacia, banco o tiendas de alimentos y productos de higiene. Pero, por más que decían en la televisión que la gente tendría que entrar en confinamiento y que los comercios no vitales cerraran, en la ciudad, en toda alcaldía y estado de la república mexicana, infinidad de grandes cadenas de tiendas departamentales que no ofrecían ni servicios ni productos de vida o muerte, que era como Gloria, lo había entendido, pararon sus actividades, al contrario, los pasillos de juguetes, libretas, ropa, etc… estaban como siempre, accesibles al público, sin marcaciones ni algún señalamiento especial para evitar el contagio del famoso virus.

Y es que, como el señor de la muleta había dicho cuando congregaron a la junta:

 – A nosotros nos hacen cerrar, a nosotros que vivimos al día, ¿y ellos qué? Ellos tienen a uno de nosotros cuidando la puerta de sus negocios, ellos tienen a nuestras hijas, vecinas y esposas atendiendo a sus clientes, sin importar si se contagian, ¡NO ES JUSTO!-

-¡NO ES JUSTO! – es lo único que se empezó a oír en ese momento, hasta que Ariadna habló:

-¡Pues por eso! Todos tenemos que ir a que nos escuchen, que vayan medios de comunicación, que lo comparta en redes sociales, a mí no me dejan vender mi ropa, pero las grandes tiendas siguen vendiendo hasta calzones-

Jorge, el de la pollería, pese a que si lo dejaban seguir ejerciendo su servicio, los apoyaba, de hecho, fue quien hizo la propuesta exacta: una protesta y clausura simbólica.

– No queremos mayores problemas, no queremos violencia, solo queremos seguir trabajando – y es que, aunque todos ellos y ellas eran sus amistades, a Jorge le gustaba Ariadna y cuando se enteró que le bajaron las cortinal de su local, cuando ella tenía a su madre enferma, una hermana menor y una carrera en línea por terminar, supo que tenía que tomar acción.

– Mañana vamos todos, con cartulina y toda la cosa, mi nieto tiene una página en Facebook y lo siguen miles de personas, le diré que nos acompañe para que lo difundan – dijo Leonora, una señora de la tercera edad que cada martes y jueves, la dejaban vender desayunos en la puerta B del mercado.

Esa noche, todos y todas se fueron a casa con mentiras, ya que, se dieron las buenas noches, se dijeron “descansa”, se dijeron “a dormir, mañana nos vemos a las 9 en la esquina de la secundaria” pero, ninguno de ellos, ni de ellas, logró conciliar el sueño. Algunos estaban asustados, no sabían cómo iban a pagar las deudas, otras estaban preocupadas, no sabían cómo se iban a poner las cosas y a otras la ansiedad no las dejaba dormir, como fue el caso de Gloria « ¿Yo en una protesta? Pero es pacífica » se decía a sí misma en sus pensamientos.  « ¡Pero protesta! ¿Qué dirán mis nietos? ¿Mis hijos? ». Le pidió a dios que la cuidara.

Al día siguiente, estaban ahí muy puntuales, el invitado estrella era el nieto, el de la fan page con miles de seguidores, así que en cuanto él llego todos se sintieron un poquitos más seguros de que de algo serviría su protesta. De camino, hacían bromas, que si iban a terminar en la delegación, que si los iban a correr con agua, todos reían, cuando lo único que deseaban era seguir trabajando.

Llegaron pronto a la sucursal que habían seleccionado, era una tienda llamada “Elekktrica” los dueños eran rusos y habían comenzado su imperio vendiendo electrodomésticos hace más de 30 años y ahora, en México, tenían mil quinientas sucursales. En cada una de ellas vendían electrodomésticos y sumaron artículos de belleza.

Ahí, con sus cartulinas, bajo el sol,  se pusieron de dos en dos haciendo un pasillo de la banqueta a la entrada, ya que con el objetivo de no provocar confrontación física, no iban a tapar la entrada, era una manifestación pacífica, se repetían cada uno de ellos en la cabeza.

El nieto, que se llamaba Alejandro comenzó a hacer el en vivo.

-Buenas tardes queridos amigos, una vez más les reporto desde Ciudad México, como saben a mí me gusta recorrer la ciudad para poder dar a conocer esas injusticias que suceden lastimosamente en nuestro país, como se darán cuenta me encuentro a fuera de la tienda departamento “Elekktrica” la cual como ustedes estarán de acuerdo conmigo, no venden absolutamente nada de primera necesidad y como se logra ver justo detrás de mí, dejan pasar a las personas sin restricción alguna, no usan cubrebocas, ni gel antibacterial como las autoridades han señalado. Detrás de mi hay más de dos decenas de comerciantes a los cuales la alcaldía de Milpa Alta, les mandó policías para que cerraran sus negocios por no ser de primera necesidad, pero aunque ellos ya cerraron y acataron las ordenes, vemos que tal parece ser que esto no aplica para “Elekktrica”-.

Mientras el continuaba hablando, con su celular, enfocaba y continuaba la grabación recorriendo a esos comerciantes que portaban cartulinas con frases como “Al rico lo hacen más rico y al pobre más pobre”, “Nosotros ya cerramos, ¿Elekktrica cuándo?” “La vida sigue cuando eres millonario ¿y el pueblo?”.

Enseguida, gracias a los más de 100 mil seguidores que Alejandro tenía en su fan page, miles de personas veían y compartían el video que se hacía en vivo.

Cómo los comerciantes querían, captaron la atención, por supuesto de medios de comunicación independientes, los cuales aún no tenían el control de las masas, pero si mucho sentimiento de justicia y compromiso de comunicar la verdad.

Mientras esto ocurría, dentro de la tienda los empleados comenzaron a preguntarle al gerente si tenían que hacer algo. El gerente llamó a su superior, no sin antes haberle pedido al empleado de seguridad que tomara fotografías y video de los manifestantes y que se los mandará a su WhatsApp para que él, por vía mail se los mandará a su jefe. Así fue, de un director paso a otro director, hasta que la noticia y fotografías llegaron a los ojos y conocimiento de un hombre ruso, uno que vio con asco a Gloria, mujer morena y de manchas en la piel, apareció burla en su rostro cuando vio al hombre del bastón recargándose en su pierna buena, mientras con esfuerzo sostenía la cartulina.

-Ellos no son peligrosos, tienen miedo, envía dos patrullas a que se paren frente a la tienda y con eso basta- dijo el hombre que nació en Rusia, pero que se enamoró del pueblo mexicano hace muchos años, sí, desde que aprendió a reconocer el miedo en sus ojos, la timidez de sus acciones y sobre todo, desde que sus bolsillos desbordaban millones de pesos.  

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