El Homo Videns: el estallido social y una verdad a medias

La comunicación es sin duda alguna uno de los mayores privilegios que algunos seres vivos poseemos, siendo por medio de ella que la humanidad como especie dominante ha sido capaz de crear a lo largo de su existencia civilizaciones diversas y herramientas de todo tipo que han permitido hacer de la vida un  proceso menos difícil. El ser humano, después de todo, tiene la necesidad de expresar su sentir y al mismo tiempo saber lo que el otro piensa. Es un proceso bastante complejo que, sin embargo, ha ido evolucionando a pasos agigantados desde que la primera pintura plasmada en una cueva tuvo su ejecución, pasando por la escritura sobre piedra y hacer una parada en los pergaminos de cuero, todo para que finalmente tuviera su máximo momento con la imprenta, otorgándole a la comunicación humana un poder sin precedentes, siendo a partir de éste momento que el ser humano entraría en una etapa de revoluciones de todo tipo, un proceso difícil pero que al final tendría resultados benéficos para la sociedad nueva que se había formado.

Es en el siglo XX que el ser humano como Homo Sapiens tendría una metamorfosis como especie, una transformación que surge a partir de otra revolución en cuanto al método de comunicarse y mantener su contacto con la sociedad; se trata de un proceso que finalmente le obsequiaría un nuevo poder al individuo moderno: la capacidad de emitir mensajes y recibir éstos mediante la observación de imágenes de forma masiva. Es así que la televisión hace su primera aparición en 1926, pero contando con las primeras emisiones públicas de televisión realizadas por la BBC One en Inglaterra en 1927; la TF1 de Francia en 1935 y la CBS y NBC en Estados Unidos en 1930. Es de esta manera que surge un nuevo medio de comunicación y una nueva forma de pensar para todo el mundo, pues la radio y el periódico verían un desplazamiento paulatino como medios hegemónicos de información y divulgación; no obstante, no serían los únicos afectados por este nuevo gigante, pues la literatura con sus libros como precursores suyos se vería limitada como principal atractivo de nuevos saberes, la televisión había llegado para romper el statu  quo y crear uno nuevo, uno a su imagen y semejanza y que terminaría por moldear al individuo. El Homo Sapiens de la comunicación compleja había llegado a su extinción y la televisión había edificado en su lugar al Homo Videns, un humano que piensa y vive por medio de la vista, creando así una sociedad teledirigida.

Créditos: Pixabay

“La televisión produce imágenes y anula los conceptos, y de este modo atrofia nuestra capacidad de abstracción y con ella toda nuestra capacidad de entender.”

Giovanni Sartori

El Homo Videns y la sociedad teledirigida

Es al politólogo italiano Giovanni Sartori al que le debemos estos nuevos conceptos de individuo y sociedad, pues, según él, la transformación de la sociedad humana y de sus estructuras tienen su parteaguas con  la creación de la televisión y su uso como medio de comunicación masiva. Él menciona que el ser humano ha abandonado su capacidad de racionalizar de forma compleja las emisiones a gran escala de información que recibe a diario por medio de imágenes televisadas y ya no es más ese individuo que dedicaba horas a la lectura y escritura o a la codificación de saberes con métodos que ameritaban un proceso cognitivo mayor al que la televisión como mentora exige. Una capacidad que se encuentra minada y que tiene su punto más negativo en este siglo XXI, aunque, claro está, se presenta con un diagnóstico y métodos diferentes al del Homo Videns tradicional del siglo XX. Y es que las imágenes televisadas son mucho mejor digeribles y mejor recibidas que un mensaje escrito con un lenguaje de difícil acceso; el saber se vuelve de acceso popular pero al mismo tiempo, se selecciona el tipo de saber.

El siglo XXI inicia con adelantos importantes en varios aspectos tecnológicos, siendo el desarrollo y perfeccionamiento de las telecomunicaciones el que más apoyo tuvo, pues, el capitalismo globalizado y su necesidad de interconectar a todo el mundo en una sola red de mercado veían con urgencia el acelerar la capacidad de comunicarse. Es así que el legado en forma de internet que dejó la parte final del siglo XX se presenta con más fuerza y perfeccionado durante la primera década del nuevo siglo, pues aunque su creación data de la segunda mitad del siglo pasado, es en la década de los 2000 que este medio de comunicación se torna masivo, llegando a los ordenadores de casi todo el mundo. La sociedad observa como un nuevo medio de divulgación y de información hegemónico hace su entrada con una realidad aún más turbulenta.

A día de hoy, en pleno año 2020, el acceso a internet es cada vez más fácil y sus diferentes usos también lo son, siendo difícil que cualquier otro medio de información se presente como competencia para las redes sociales, creación perfecta de dicho medio que goza de un poder santificado y con un agregado de valor que se ha fetichizado en más de una ocasión.  Con esto, es verdaderamente imposible que un individuo promedio no acceda a internet al menos una vez durante el día, convirtiendo a este medio en el moldeador de la estructura social y de las relaciones entre los diferentes individuos que componen a esta nueva sociedad teledirigida.

Anonymous y el ascenso de la posverdad

No es de extrañar que la verdad absoluta sea dicha por medio de internet, después de todo, se ha diferenciado de la televisión por no ser parte del establishment, o eso es lo que ha predicado hasta ahora todo el discurso proveniente de éste medio, por lo cual, siendo críticos y objetivos, resulta difícil diferenciar lo que se presenta como veraz y válido de lo que es falaz y tergiversado, especialmente en éste año en curso en donde la posverdad se ha servido de cualquier método y de cualquier actor para solidificar su presencia. Es así que vemos como diferentes discursos ganan adeptos en medio de una realidad que se resquebraja ante nuestros ojos, formando fisuras de las cuales emergen figuras como el grupo Anonymous, cuya retórica busca emanciparse del discurso mediático tradicional realizando sus apariciones por internet, denunciando y ejerciendo un papel de justiciero posicionándose de parte de “los oprimidos”; cometido que sin duda alguna ha salido bien, pues la validez fetichizada que otorga el arrojarlo desde internet ha sido legitimado por la mayoría de internautas con una aprobación y una creencia en todo lo que aparente estar en contra del discurso elitista.

Créditos: Pixabay

Sin embargo, aquí es cuando el Homo Videns vuelve a caer en la inmediatez de la comunicación, asimilando como real lo que se presenta como fenómeno y apariencia; pues casos como las oleadas de protestas en Estados Unidos y México debido a actos de vil racismo y represión policial son aprovechados por agendas políticas y económicas que ven las plataformas digitales y redes sociales como el perfecto camino para surcar senderos con un sinfín de Fake News, buscando ejercer un dominio casi total sobre las percepciones de cada individuo. No es raro encontrar en internet cualquier propaganda que los algoritmos de interés arrojen en el inicio de cada plataforma digital a la que accedamos, tratando de influir en nuestra cosmovisión de la realidad mediante un bombardeo constante de información validada por influencers o actores mediáticos de internet. Llegados a este punto, sería bueno preguntarse el porqué de la reciente aparición del grupo Anonymous como predicador de justicia en internet justamente en un año de elecciones para Estados Unidos (quizá siendo las más importantes del mundo), en donde Trump aparece como el único y malvado enemigo a vencer y los demás integrantes de élites políticas y económicas se presentan como los verdaderos salvadores de la democracia mundial. Con esto no pretendo mostrar como víctima al personaje detestable de Donald Trump, pues su vida viciada por el rechazo de la otredad lo califica de forma automática como uno de los seres más aberrantes de la historia; no obstante, personajes como Obama y Biden juegan de igual modo un papel importante en la reciente posverdad, pues de igual modo se han visto invlucrados en distintos escándalos que muestran que la política estadounidense es una serie de ríos que conducen al mismo mar. Pero es palpable que la legitimidad del accionar de todos estos personajes está respaldada por la verdad hallada en internet, pues, creo que no hay duda de que la sociedad teledirigida acepta la veracidad de internet como sagrada e incuestionable. El Homo Videns se encuentra imposibilitado de revisar la historia debido a lagunas mentales, siendo éstas las secuelas de un adoctrinamiento eficaz, por lo cual se muestra conforme con la seguridad de la inmediatez y superfluo de internet. ¡No cuestiones, solo observa y juega!

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