“Quienes se niegan a usar cubrebocas lo hacen por egoísmo, ignorancia o miedo a mostrarse vulnerables”

-Súbete – Dijo Álvaro divertido, mientras ya iba con su novio de la mano en los asientos delanteros del auto.

Gina, que pese a que casi daban las 3 de la tarde apenas se había despertado, salió al oír risas fuera del portón de su casa – ¿A dónde van?

-¡Vamos! es el cumple del tito, le vamos a comprar un pastel.

-Si no tenemos dinero.

-Jorge si – Volteo a ver a su novio, el cual ya le acariciaba su rostro y solo faltaban que se dieran un beso más.

Gina torció los ojos pues que ella no tuviera novio y su hermano, el gay, pese a que toda la colonia le rechazaba y en la secundaría lo golpeaban, ya tenía una pareja, quien lo amaba y a sus escasos recursos, trataba de consentirlo a él y a su familia.

Recomendación: 5 Series interesantes y poco conocidas que puedes ver en Netflix

– Pero no estamos para gastar en pasteles, mi mamá nos va a regañar.

-Solo será un detalle, no habrá más, solo el pastel, café y listo.

Gina no se resistió más, sin preocuparse por su apariencia, que aún tenía su pantalón de pijama y una blusa sucia, se subió en la parte trasera del auto. Para su sorpresa, el cumpleañero ya estaba a un lado de ella.

-No manches pero apoco este güey va ir ya por su pastel.

Tito, era el hermano menor de Álvaro y Gina, un niño de 5 años que siempre tenía las mejillas sucias de caramelo, resistol o tierra.  

-Para que lo escoja.

Tito con su muñeco de Thor en la mano, sonreía por la ventana emocionado por ir a comprar su pastel, Gina se adentró en la aventura, seguramente su madre los regañaría pero, el cumpleaños de uno, era el regalo de todos para comer pastel y convivir en familia.

Álvaro acelero, aquel auto viejo aún les apoyaba en sus fugaz esporádicas y pese a que el país entero se encontraba en cuarentena, esta ocasión no sería la excepción.

-Oye pero, mira, ahora si todos traen su cubrebocas, hasta el mecánico. – Dijo Gina, quien hace tres semanas había comenzado ella la cuarentena y en esos días, aún era mucha población la que se resistía al uso de cubrebocas, acción que había sido impuesta por el Gobierno e Instituciones de la salud para evitar contagios.

Leer: Video| Ahora en Atlanta otro hombre afroamericano muere en manos de la policía tras recibir disparos

-Hay sí, pero se ven ridículos, que tontos, ese virus ni existe.

-Hasta Doña Maricela, la vecina con todo y que hace su brujería hay va mírala, con su cubrebocas.

-La gente es estúpida – entro Jorge al tema – el virus no existe, solo lo dicen para tenernos encerrados, lo leí en un foro en internet. Nos quieren poner chips en los brazos. Si yo me quedo con Álvaro en su casa, es porque me quede sin trabajo, mi pinche jefe si se la creyó y nos corrió a todos.

Álvaro encendió la radio, puso la estación en donde ponían su música…

-¡Otra vez tus bandas agropecuarias! – Le dijo Gina, quien disfrutaba más del pop en inglés.

-Pero a Jorge le gustan, sabes que es mi hombre.

A Gina se le revolvió el estómago, la tensión sexual que se respiraba en el auto era demasiada y al ser su hermano, le incomoda.

Mientras ellos llegaban a la panadería que estaba a tan solo 15 minutos de su casa, un anciano que llevaba varios minutos caminando bajo el sol, iba hacia el mismo objetivo, comprar un pastelito para su nieta y literal, era un pastelito, ya que con la pensión que recibía del gobierno y las cosas usadas que vendía de vez en cuando fuera de su casa apenas le cubría para alimentarse y pagar los servicios como la luz, el agua y el teléfono.

Te podría gustar: Karl Marx el filósofo que sigue inspirando a las nuevas generaciones con todo y twitter

Don  Gustavo, que era como lo llamaban, había demorado mucho más, pues se le había olvidado donde dejo la caja de cubrebocas que su hija le había regalado. Había sido una caja de cubrebocas desechables con 10 piezas “como casi ni sales”, le había dicho al momento de dársela.  Busco debajo del sillón, en la cocina y los fue encontrar hasta el lavabo del patio trasero. <<Quien sabe cómo habrán llegado ahí>> le enfureció a don Gustavo tratar de recordar, pues enseguida se sintió avergonzado. La vejez, hacía que se le olvidara todo. Por un momento considero irse así, sin protección total, la panadería estaba a 10 minutos de su casa, pero la situación estaba grave, México vivenciaba una pandemia que ya había matado a miles de personas, y más miles contagiadas. Entre las personas más vulnerable estaba él, bueno, la población de la tercera edad eran los que al ser contagiado tenían menos probabilidad de sobrevivir. De seguro, cuando llegara con el pastelito para su nieta, su hija lo regañaría “Papá como saliste solo por eso, necesitas estar más tú que nadie aquí encerrado”, seguro le diría.

Imagen ilustrativa/pixabay.com

Paula, como nombró a su hija, trabajaba de cajera en un centro comercial, salía en las mañanas y llegaba en la noche, dejando su cubre bocas, zapatos y lavándose las manos antes de entrar a casa. No quería exponer ni a su hija, ni a su padre.

Cuando Don Gustavo encontró el cubreboccas con sus manos temblorosas saco uno, mientras la caja se le resbalo de las manos. En cámara lenta intento recoger la caja de cubrebocas del piso, pero fue inútil ya que no pudo doblar su espalda para levantar los cubrebocas sobrantes.

Lo dejo así, en la noche su hija lo levantaría <<viejo inútil>> se decía a sí mismo mientras salía de casa. Para no tardarse más, decidió comenzar a caminar y al mismo tiempo ponerse el cubrebocas.

-Buenas tarde señor Gustavo.- escucho a escasos metros de haber dejado su casa.

-Buenas- respondió muy seco, no quería que nadie le interrumpiera, pues no lograba desdoblar el cubrebocas y a parte los resortes se habían enredado.

Al llegar a la esquina en donde estaba la panadería comenzó a sentirse presionado, la gente podría decirle algo, pues era el único que alrededor no tenía puesto su cubreboca,  así que ocultándose detrás de un teléfono público se recargo como si se tratara de super man escondiéndose para quitarse su traje y verse en su traje de súper héroe.

Escucho muchos sonidos don Gustavo, desde el bullicio de las personas, sonidos de autos que pasaban y se detenían para pronto volver a arrancar hasta el sonido de un niño diciendo: ¡Quiero que sea de chocolate!

Leer: PRINCESA DE ASTURIAS Y MEDIO ORIENTE EN LA FIL GUADALAJARA 2020

Gustavo volteo, vio como de un coche blanco y viejo se bajaban dos jóvenes demasiado afeminados, una joven en pijama y ligeramente de malas y el autor de ese grito emocionado que pedía pastel de chocolate.

Le dio curiosidad el hecho de que todos ellos caminaban sin reparo sobre si su rostro estaba tapado o no, sobre si la gente loes veía o no. <<Que nadie les dirá nada>>

Don Gustavo al ver como todos ellos iban entre risas hacia la entrada de la panadería, alcanzo a visualizar un gran letrero color naranja que decía:

NO INSISTA, SI NO TRAE CUBREBOCAS NO VA A PASAR A LA PANADERÍA.

<<Seguro ahorita los detienen>> pensó el anciano pero no fue así. Cuando todos ellos cruzaron la entrada, nadie les dijo nada.

<<Seguro ahorita los sacan>> volvió a pensar positivamente, pero tampoco resulto así. Pasaron los minutos y él tuvo que asomarse entre las paredes de cristal que relucían los anaqueles de pan y refrigerados llenos de pasteles.  Al ver que los jóvenes y el niño se paseaban por toda la panadería sin siquiera contemplar el espacio que las autoridades en la televisión y la radio repetían constantemente que tendría que procurarse entre persona a persona, arrubo su frente, más de lo que ya estaba y apretó su mandíbula, con la poco fuerza que le quedaba.

 <<Que no les importa contagiarse, que no se quieren ni a sí mismos, no cuida a su familia. ¡Egoístas!, ¡Ignorantes que no ven las noticias!>>

Ese sentimiento que le provoco observar todo aquello, le dio coraje y velocidad suficiente para ponerse el cubrebocas, aunque sea mal puesto, sin que lo desdoblará bien con apenas protegiéndole los labios y con un resorte que le lastimaba ligeramente su oreja intento caminar aprisa para decirles a esos jóvenes lo irresponsable que se le hacía salir en plena pandemia sin ningún intento de protección.

Mientras él entraba a la panadería, por la puerta de salida los jóvenes ya se iban. Apresurados, con un pastel de chocolate en las manos e intentando organizarse para ver quien pondría el café.

Recomendación: El 2020 y la mentira de estar en el peor año de la humanidad

-¡Hey, sabían que no pueden salir así!- intento gritar el anciano pero el auto, aunque era igual de  viejo que él, el auto hizo un sonido que silencio todas las voces a su alrededor y partió.   

El anciano volteo a todos lados como tratando de encontrar un cómplice, pero absolutamente nadie lo veía. La gente miraba únicamente el alimento que compraba, el dinero que daba y recibía, una señora apresurada iba de local en local surtiendo su despensa.

Don Gustavo observó el piso, se sintió estúpido por seguir la regla, se sintió inútil porque su vejez le hacía obedecerlas más. Intento animarse pensando que podría entrar y comprar el pastelito pero de imaginar que el virus andaba por ahí le dio pánico << ¡Egoistas! ¡Ignorantes!>>

Gustavo regreso a casa, entre furia y tristeza de no atreverse a entrar a un lugar que no respeto ni su regla <<si dejaron pasar a ellos a cuantos más no habrán permitido el acceso sin cuidados>>. Se lavó las manos y el rostro por su exposición al ambiente y se sentó en el sillón en el cual siempre le ganaba el sueño a los pocos minutos de acomodarse en el.  

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s