En el país del “no pasa nada” ¿Es prudente regresar a la nueva normalidad?

Recientemente se anunció la fecha para que la hermosa Ciudad de México de su primer cambio de semáforo pasando a color naranja. Según las autoridades lideradas por la Jefe de Gobierno Claudia Sheinbaum, la transición a este nuevo color se dará gradualmente en la semana del 15 al 21 junio con ciertas normativas, que claramente a algunos se les complica acatar. Desde el uso de cubre bocas (bien puesto) en espacios públicos, hasta el quedarse en casa si está en tus posibilidades.

Pero apenas se sugirió el cambio de tono, varios lo tomaron como que ya estábamos en verde. No lo digo por las personas que reabrieron sus locales porque ya su economía estaba al límite. Si no por aquellos que ya no podían esperar a que la alameda fuera abierta para meter a sus chamacos a bañarse en la fuente, con el cubre bocas empapado. Bueno al menos podrían echarle un poquito de jabón para mantener las manos limpias. También no falta los que, con la cerveza de vuelta en los estantes lo tomaron como un permiso para reunirse de nuevo y seguir con el foco del contagio que son las fiestas clandestinas. Si esto pasa con la “transición” a naranja, no me puedo imaginar que pasara cuando pasemos a amarillo.

Sé que este encierro nos ha tenido bastante sensibles y que ya parecemos leones enjaulados, los que nos encontramos en casa. Pero recordemos que esta es una decisión más que nada política. Porque los casos de contagio no han cesado y Gatell ya parece disco rayado diciendo que el pico de la pandemia vendrá en los próximos días. Pero la realidad es que con el regreso de las actividades si puede crear un rebrote masivo. No porque la gente no salga, sino porque no siga correctamente las instrucciones. Porque en el país donde podemos esperar todo menos que el taquero no se limpie el sudor con la mano antes de servirnos nuestro taco o el Don de los jugos nos cure cualquier enfermedad con el jugo de naranja vitaminado con células madres y la Doñita que te invita a su nutriclub y te cura el “mal de ojo” a base de limpias. El simple hecho de mantener la distancia y la buena higiene, parece una larga lista de exigencias. En un mundo utópico en el que todos sigamos las direcciones correctamente, el regreso a las actividades se podría dar sin problema alguno. Pero aceptémoslo ese no es México. Porque “no pasa nada” si Karen no trae cubre bocas, tienen que venderle su pizza si no armara un desmadre.

Hace poco di mi opinión sobre como los locatarios del mercado de Jamaica se vio afectado por el cierre por covid-19, (si no lo viste este es el enlace https://vastardxsnoticias.com/2020/05/13/el-mercado-jamaica-es-un-pueblo-fantasma-el-punto-de-vista-de-una-comerciante-ante-el-cierre-del-mercado/ ) y ahí una misma locataria decía que el cierre del mercado se dio por la falta de atención a las normas sanitarias y que hasta se lo tomaban a broma. Recientemente pude re contactar con Lourdes, a lo cual nos contó que las cosas han cambiado muchísimo en la re apertura. Ahora si ves a todos con su careta y cubre bocas, todos forraditos de plástico y haciendo los pasillos de un solo sentido. Una sola entrada y salida, alguien en la puerta evitando que la gente entre sin protección y poniéndote gel antibacterial. Pues el miedo no anda en burro, ella misma se lamenta que se tuvo que llegar al extremo de parar las actividades de más de 1500 locales para que por fin se acataran las recomendaciones. Ahora sí que hasta que no le pasa a uno, no nos damos cuenta de la magnitud de las cosas. Lo que para nosotros es un ratito en el cual “no pasa nada”, solo nos expone y expone a los demás, y hace que el encierro se haga más y más largo. El que nosotros no llevemos cubre bocas porque nos da calor o porque se nos olvidó y aun así exigir atención de una persona que no sabes ni donde ha estado ni con quien, es arriesgarse a lo bruto tanto tú, como el pobre empleado que solo hace su chamba y cumple órdenes del alto mando, solo porque tú no te puedes poner un trapito en la nariz y la boca.

Nuestro orgullo mexicano a veces nos impide ser empáticos y razonables, porque el “no pasa nada” está muy arraigado en nuestro pensamiento. Y el que nuestras mismas autoridades se contradigan, no ayuda mucho. Los invito a reflexionar sus decisiones, no les digo “quédense en casa” prefiero decir: piensen en su salud y en las de los otros y aunque sea por no verse como el negrito en el arroz, acaten las normas sanitarias y así más pronto regresaremos a la nueva normalidad.

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