Modernidad líquida, ansiedad y placeres inmediatos; una mirada a las nuevas generaciones

Ya lo ha venido repitiendo desde hace más de una década el renombrado filósofo polaco Zygmunt Bauman: las actuales generaciones, presa de la modernidad liquida no están dispuestas a cultivar la paciencia. Esta virtud quedó obsoleta desde el siglo XX, cuando la revolución digital se encontraba apenas en estado embrionario.

Nuestros padres y abuelos no disfrutaron en su juventud de las maravillas tecnológicas que hoy en día forman parte de nuestra cotidianidad, y no solo aquellas que tienen que ver con el entretenimiento. El sector alimentario también ha sufrido los embates de la industrialización y la cada vez más acelerada necesidad de satisfacer una demanda creciente que parece no tener límites definidos.

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No es novedad que la industria, sabedora de la avidez por placeres inmediatos que experimentan los consumidores, ha implementado toda suerte de estrategias para explotar esa ansiedad.

Para ejemplo un botón: Spotify, el gigante de la música por streaming, en lugar de enfocar sus campañas de marketing al realce de sus bondades como producto, da relevancia a la posibilidad de saltar canciones de forma ilimitada a través de su modalidad de pago.

¿Para qué tolerar la insoportable espera de las 6 piezas musicales por hora, cuando puedes acceder a millones de canciones cuando quieras en cualquier momento y lugar? Y lo mejor de todo, “sin interrupciones”. En este modelo comercial, los anunciantes y sus pautas publicitarias son la mosca en la sopa, el negrito en el arroz que nadie debería tolerar.

Otro gran exponente de lo anterior es el portal de compras por internet Amazon, con su servicio “Prime”, mismo que se vale de la ansiedad de las personas prometiendo envíos “gratuitos” de un día para otro. Ni siquiera hay que tomarse la molestia de salir al supermercado. Tus grandes anhelos se encuentran a un clic de distancia.

En lo que pareciera ser una explosión de innovación y un servicio al cliente de primer nivel, se esconde la muy penosa realidad del consumismo rapaz e innecesario, ese que nos vende el capitalismo como moneda de cambio corriente.

Regresando al tema de la comida, esta se ha vuelto cada vez más sintética y libre de esfuerzos “innecesarios”. Tenemos las muy famosas sopas instantáneas listas para su consumo después de girar tres minutos en el microondas, el té helado en bolsitas, los sazonadores de papel y las bebidas embotelladas “con auténticos gajos de naranja”.

 Tal como refiere Bauman en una de sus muchas anécdotas aleccionadoras, algunos niños de hoy prefieren tomar un zumo de naranja pre envasado que embarcarse en la desgastante faena de pelar la fruta per se. 

Y es así como la industria va moldeando una sociedad con hábitos cada vez más comodinos y caprichosos, menos consientes y destructivos con el medio ambiente.

I know you all will remember me in pages of history. Oh no, no, maybe we were born to die young

Hollywood Undead

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