Explotación laboral aumenta en México a causa de Home Office

Siendo la pandemia un hecho sin precedentes a nivel mundial, las medidas sanitarias que se implementaron en el país obligaron a muchos empleadores a recurrir al famoso Home Office como única vía para no parar labores. Desafortunadamente y contrario a otros países en los que esta modalidad ha sido adoptada sin mayores inconvenientes en los últimos años, en México la situación es muy diferente. Aquí no hay legislación regulatoria alguna.

Sabedores de los riesgos coyunturales que esta medida podría acarrear en detrimento de los intereses patronales, algunos corporativos han hecho del teletrabajo una auténtica pesadilla. Horarios extendidos, violaciones a la privacidad y reportes de desempeño constantes son algunos de los problemas más comunes entre quienes laboran desde su casa.

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A lo anterior se suma una complicación tácita de la que poco se ha comentado, debido en parte a que la cultura del Home Office no es una práctica extendida en nuestro país. Muchas personas, al verse obligadas a montar una oficina improvisada, tienen que recurrir al mobiliario que tienen a la mano, aun cuando este no sea el apropiado.

Cuando la mesa del comedor hace las veces de escritorio y la laptop toma el relevo de la computadora personal, nuestro cuerpo puede verse afectado de muchas maneras.

Tal como señala el estudio Entornos Laborales Saludables: Fundamentos y Modelo de la OMS, realizado por la World Health Organization, las posturas sostenidas por largos periodos de tiempo, así como los movimientos repetitivos (usar el mouse, escribir en teclado, etc.) pueden provocar trastornos musculoesqueléticos, cuya sintomatología oscila entre molestias menores hasta daños severos e incluso discapacidad.

Por otra parte, los efectos negativos que los monitores provocan a la vista ya son de sobra conocidos, sin embargo, estos se agudizan en entornos poco iluminados o cuando la pantalla se encuentra desnivelada con la posición natural de los ojos.

Sin la normatividad de operación apropiada para estos casos, las empresas y corporativos disponen de libre albedrio para imponer sus condiciones, aunque estas no sean las más adecuadas para la salud física y mental de los trabajadores.

Al respecto, Luis N, asesor ejecutivo de una empresa dedicada a la venta de detergentes nos comenta en exclusiva:

“Al principio fue un cambio radical, puesto que mis superiores no contaban con un plan estratégico para encarar la situación. Prácticamente me acosaron todo el tiempo con mensajes interminables por WhatsApp y reuniones innecesariamente largas vía Zoom. Ante la baja productividad de mi equipo, nos solicitaron mantener nuestra webcam encendida durante toda la jornada. Actualmente tenemos que reportarnos para todo, hasta para ir al baño”.

Historias como esta invitan a la reflexión: ¿realmente estamos preparados para la cultura del Home Office? Y de ser así, ¿Hasta qué punto los empleadores pueden incidir en la vida personal de sus trabajadores?

Todo parece indicar que aún estamos lejos de alcanzar los estatutos legales necesarios que velen por la integridad física y mental de los trabajadores a distancia.

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