El 68% de los y las mexicanas desconfía de sus instituciones electorales

Por: Javier Esperanza

Hablar de democracia en México es hablar de una controversia, es entrar en un debate teórico y filosófico sobre sí la forma adoptada por nuestra nación es democrática y, sí lo es teóricamente, preguntarse sí en la realidad esto también aplica.

Para que un país moderno sea mínimamente democrático debe de haber una institución encargada de vigilar la imparcialidad y legalidad de los procesos electorales, un organismo que sea capaz, que tenga los mecanismos y sobre todo cuente con la legitimidad necesaria que le respalde en su labor.

México pareciera tener una institución cada vez menos confiable, en el último estudio de Latinobarómetro se indica que el 68% de los y las mexicanas desconfía de sus instituciones electorales, y no es para menos, teniendo en cuenta los fraudes y malas prácticas que han pasado oportunamente sin que el INE (Instituto Nacional Electoral) o entonces IFE (Instituto Federal Electoral) se diera cuenta de ello.

La lista de agravios es profunda pero para muestra unos de los más notorios; durante 2006 las tensiones políticas del país se manifestaron luego del fraude que llevó a Felipe del Sagrado Corazón de Jesús Calderón Hinojosa a Los Pinos, el algoritmo de repunte de la noche de la elección, el dudoso margen con el que se emitió ganador, el clamor popular y las declaraciones del entonces candidato PRIista Roberto Madrazo que tiempo después aceptó que en sus actas triunfó el candidato López Obrador, así como que en su libro, Así lo Viví Luis Carlos Ugalde expresidente del IFE durante 2006 sostiene que Calderón obtuvo 14,916,927 votos y que AMLO recibió poco más de 15 millones de votos, es decir, acepta sin darse cuenta la victoria del ahora presidente. Dejando una herida democrática que no sólo contravino la decisión del electorado, sino que costó millones de vidas perdidas y arruinadas gracias a la violenta administración del gobierno de facto.

Pero no sólo permitieron fraudes, sino que también campañas irregulares, Emilio Lozoya presentó este 11 de agosto una demanda de hechos contra el expresidente Enrique Peña Nieto y su mano derecha Luis Videgaray, que abona al caso Lozoya en el que entre otros cargos se le acusa de recibir en nombre del PRI, 100 millones de pesos de la empresa Odebecht tan sólo para la campaña de 2012. Pero también se le pasó al INE que EPN, su partido y su equipo, según la Comisión Legislativa de Investigación del caso Monex rebasaron por poco el tope de la campaña, por algo más de 4 mil millones de pesos (nada más), pero a pesar de ello el PRI no sólo no perdió su registro como partido político, sino que regresó a Los Pinos.

Y no quedaron en el pasado las fallas de nuestro costoso instituto, recientemente en la campaña rumbo a las elecciones de 2018, las firmas falsas presentadas por Margarita Zavala y el gobernador de Nuevo León Jaime Rodríguez alias El Bronco pasaron sin mayor problema con una multa insignificante; de la misma forma en que seguramente será aprobado el partido político de Felipe Calderón, México Libre incluso cuando a muchas de sus asambleas no llegaban ni cien personas o cuando sus campañas de recolección de firmas en transmisiones en vivo, fotos o videos propios de las redes de la organización no manifestaban el gran apoyo popular y más bien podían encontrarse muestras de protesta y enojo contra este nuevo intento del ex PANista de entrar en la política.

Un argumento recientemente muy utilizado por el indigno Córdova, Lorenzo, presidente del INE es que, en 2018 como nunca, vivimos unas elecciones gozosas de confianza y credibilidad, pero se le olvida que el que se hiciera valer la decisión de la mayoría no fue sino gracias al enorme margen de victoria del morenista, a la inmensa participación ciudadana y a la vigilancia constante del electorado al proceso.

¿Cómo puede decirse confiable un INE que se hizo el ciego ante un fraude tan evidente, ante la utilización excesiva de recursos en las campañas, ante los sobornos dados a candidatos por intereses privados para su beneficio futuro? ¿Cómo el tan cuestionado presidente Lorenzo puede seguir en el puesto? Y, sobre todo, ¿cómo es que confiaremos en su profesionalismo en estas prontas elecciones intermedias?

Esas son preguntas que debemos tener a la mano y resolver lo más pronto, por lo tanto, no desprecio la oferta del presidente Andrés Manuel de ser un observador atento del proceso electoral y denunciar cualquier intento de fraude, pues esa es la misión que todo ciudadano y ciudadana responsable deberíamos hacer: vigilar y denunciar las irregularidades.

Es cierto que desde la primer magistratura se implica otra condición, pero al fin de cuentas también al presidente vigilaremos, quien quiera cometer un fraude, quien quiera robar urnas, embarazarlas, comprar votos, manipular el conteo o simplemente coactar a los electores debe ser denunciado y atendida la queja por la autoridad como nunca, sí es una verdadera transformación la democracia debe ser una de las bases tan prometidas por AMLO.  ¡Consolidemos la democracia, reformemos al INE, politicemos al pueblo!

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