EL POSTUREO MORAL Y SU FALSO CONSUELO

El postureo moral o “moral granstanding” (Como lo llamaron originalmente los filósofos Justin Tosi y Brandon Warmke en un articulo de 2016 para la revista Philosophy & Public Affairs) es un acto en donde se adopta una postura moral con el fin de ser exhibida, convirtiendo el discurso moral en un pleno acto de vanidad.

Con esto queremos decir que la grandilocuencia es un uso del habla moral que intenta que otros hagan ciertos juicios deseados sobre uno mismo, es decir, que uno es digno de respeto o admiración porque tiene alguna cualidad moral particular…

Justin Tosi y Brandon Warmke

Así, los actos de apoyo a un grupo marginado suelen ser precedidos por la creencia de que la aceptación social está en seguir ciegamente lo que se cree que dará un estatus aceptable, meritorio de respeto y admiración. Esto es el postureo moral.

¿Por qué hay postureo moral?

El postureo moral nace de la increíble necesidad de sentir que se piensa y actúa conforme a lo que en su tiempo o contexto se cree bien visto. Es también, un acto de querer destacar, es querer y poder decir que se apoya lo que es moralmente correcto, con el único objetivo de que los demás sepan que se es bueno o que se tiene una mentalidad pura y, por ende, ser aceptado por los demás.

Por suerte no tenemos que ir muy lejos para darnos cuenta de los efectos del postureo moral. Recientemente el político Samuel García Sepúlveda demostró con creces a lo que me refiero, luego de que deliberadamente hizo público su claro sentido de superioridad y posesión hacia su esposa, cuando en discursos anteriores se catalogaba él mismo como un defensor de las mujeres y de sus derechos.

Censura

No ayuda el hecho de que hoy en día decir una opinión con respecto a un tema puede ser contraproducente. Sobre todo, se es difícil cuando se opina sobre un sector de “Excluidos sociales” a los que una determinada opinión les aborrece, y se sienten con el poder de simplemente eliminar el comentario y tacharlo de cuanta más grosería se pueda, en lugar de simplemente debatir con argumentos sólidos el porqué del disgusto. No ocurre en todos los casos, pero si tristemente en la mayoría.

En este contexto, donde una opinión mal vista puede destruir vidas enteras, no es de extrañar que un individuo prefiera ocultar su verdadera naturaleza para adoptar ciegamente costumbres o posiciones ideológicas que, en principio, no son nativas del individuo mismo, pero que se apoyan con la esperanza de no ser un excluido más. No es justificable, pero si comprensible, pues se crean las variables perfectas para que el postureo moral aflore.

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Postureo moral en la era digital

Si bien este fenómeno puede darse en todo nivel de comunicación, con la llegada de la era digital este se acrecentó dentro de las redes sociales. Hoy en día es muy común ver a una persona compartir contenido en redes sociales aludiendo a una determinada lucha social, pero evidenciando la clara dicotomía entre sus publicaciones y su personalidad.

No obstante, el postureo moral no es exclusivo de los individuos. Cada vez es más común que las empresas, con el fin de mejorar su imagen, proclamen a viva voz que aprueban o desaprueban una conducta o ideología que se cree moralmente correcta. Incluso, utilizan su poder para censurar aquellos comentarios u acciones que puedan “Herir sensibilidades”, para de esta forma no ser relacionados con ellos, impidiendo así el ejercicio de la libre expresión.

¿Cómo combatirlo?

Es evidente que, si se desea terminar, o, por lo menos, controlar este fenómeno, deben de respetarse dos situaciones; 1- Debatir siempre una opinión, por más vil y oscura que esta sea, con argumentos sólidos, coherentes y legítimos, pues siempre con dialogo se puede llegar al conocimiento y con este mismo a la verdad. 2- Buscar siempre ser destacado, no por compartir el pensamiento que por moda se sigue en un determinado momento, sino por la calidad y coherencia del pensamiento mismo.

El postureo moral no es un acto de solidaridad, es un acto donde se deja en evidencia la inseguridad individual. Es también un medio para alcanzar fines egoístas, es pedir a gritos que exista un conflicto o que se acrecenté uno. Solo los que decidan vivir en un ethos analítico podrán notar e ignorar esto, para finalmente poder contrarrestar su acumulación.

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