Repensar los museos en la era digital

Casi seis meses después de que comenzara la cuarentena provocada por el COVID-19, de estar encerrados y ver nuestro entorno a través de las pantallas, varios museos del mundo han adaptado sus condiciones a la nueva normalidad y comenzado a reabrir sus puertas al público.

Sin embargo, durante medio año la pandemia no fue una limitante, pues muchos de estos espacios culturales como el Museo de Arte Moderno (MoMA) en New York, el Museo de Louvre en París, o el Soumaya en la Ciudad de México, trasladaron sus exposiciones a plataformas virtuales para que las personas pudieran seguir disfrutando del arte a pesar de la difícil situación mundial.

Sin duda, seguir en contacto con la pintura, la danza, la música y el cine a pesar de la distancia fue algo que ayudó muchísimo a la población a sobrellevar el confinamiento. Quedó demostrado la importancia de estos sectores que en el mundo globalizado han perdido relevancia, y que, en momentos de crisis, son un “salvavidas” para la humanidad.   

Paulatinamente, muchos espacios culturales como cines, museos, y teatros han reabierto sus puertas e invitado a la sociedad a visitar sus exposiciones, respetando las debidas medidas sanitarias y retomando poco a poco la “nueva normalidad”.

Esta situación podría plantear un análisis sobre cómo interactuamos con el arte, debido a que la revolución tecnológica del siglo XXI ha transformado las más básicas formas de interacción humana por el uso de intermediarios digitales. 

Poco a poco, las exposiciones virtuales se están popularizando en todo el mundo, y ahora que los museos también han abierto sus espacios a través de una pantalla hace pensar que posiblemente en un futuro lejano, -o cercano- también visitaremos estos a través de dispositivos móviles. 

A pesar de que desde hace varios años existen los recorridos virtuales y son una buena opción para disfrutarlos, no son muy populares pues la mayoría del público aún prefiere visitar el espacio, disfrutar de la arquitectura y quizás, de seguir conviviendo de manera indirecta con personas con quienes comparten un gusto en común. 

Sin embargo, esta posibilidad hace necesario replantear diversas cuestiones: ¿el arte es exclusivo de los museos? ¿los museos como espacio arquitectónico-cultural son imprescindibles? ¿los espacios en que se consume arte influyen en la experiencia?

Quizás sea muy pronto para contestar de manera inapelable estas preguntas, pues esto surge de una problemática extraordinaria que puso en jaque a la población mundial. Asimismo, la alternativa de museos virtuales fue de los sucesos más destacados de la crisis sanitaria, aunado a visibilizar la importancia de la cultura para la sociedad y el uso de la tecnología para la vida cotidiana.

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