La última advertencia

Una terrible declaración de odio, un movimiento de ultraderecha impulsado por el capital, la polarización creciente y la democracia en riesgo. Eso es lo que avizoro en nuestro pobre México, por ello la advertencia oportuna para evitar la tragedia.

Hace unos días el escritor Martín Moreno hizo una declaración congruente a su pensamiento, dijo en un programa de radio:

“Yo por eso propongo que si se pudiera regresar a la época de la inquisición yo colgaba a cada uno, no, colgaba, quemaba vivo a cada uno de los morenistas en el Zócalo capitalino, te lo juro”

Francisco Martín Moreno

El impacto que me generó escuchar esta terrible muestra de odio, de intolerancia, de ultraderechismo fue de miedo, tristeza y de angustia. De inmediato me remetí a pensar ¿Qué sintieron los y las alemanas la primera vez que escucharon hablar a Hitler? y ¿Es equiparable esta expresión con el preludio de una era oscura como el haber visto los navíos españoles acercarse a lo lejos?

El “Frente Nazional AntiAMLO”

La verdad es que no me molestan los y las opositoras al gobierno, la democracia se nutre a través de esas diferencias de opiniones. Pero el haber vislumbrado a un monstruo que quiera acabar no sólo con un partido sino con los individuos que le comparten, me llena de pavor.

Antes ya había advertido que FRENAA, el Frente Nacional AntiAMLO o como mejor lo bautizó el periodista Hernán Gómez “Frente NAZIonal AntiAMLO” suponía no una posición política legítima, sino más bien un intento de golpismo. Lo que ellos y ellas desean no es ganar las elecciones, ganar la revocación del mandato, proponer otra agenda política, sino asestar un golpe contra el mandato democrático de 2018.

Hay por ejemplo, una gran diferencia entre Ricardo Anaya, que regresó con la propuesta de proponer algo próximamente, pero apostando por la vía democrática en 2021 y 2024, y no sumándose al golpismo que germina desde FRENA, la prensa conservadora y el gran poder económico que los financia.

Lo que quiero decir es que hay una gran diferencia entre tolerar y es más, fomentar una oposición crítica al gobierno que en permitir que el golpismo y los grupos de ultraderecha se organicen, se expandan y ganen cabida en la política nacional.

La Paradoja de Popper habla de la necesidad que tienen las y los demócratas de permitir y fomentar la libertad de expresión, pero de eliminar cualquier discurso de odio o antidemocrático que surja, pues si se consolida éste podría acabar con cualquier rastro de libertad. Es decir, tolerar la intolerancia llevará a la destrucción de las libertades, a silenciar las voces libres, a condenar a las sociedades.

La misión democrática

Como un individuo progresista y humanista, quiero advertir sobre la bestia que se alimenta. Quiero convocar a parar con la risa, con las burlas a las y los individuos adiestrados en el odio. Les quiero pedir que se den cuenta del gran problema que tenemos por delante.

No importa si son pocos, no importa si no logran llegar a los millones; hace no mucho tiempo, movimientos igual de abominables se nutrían de pocos individuos que gracias al capital que les acompañaba se hicieron del poder y masacraron a sus pueblos.

Lo que yo veo cuando miro no a la derecha, sino a los ultras, a los ‘fachos’, es la semilla de una dictadura, es el odio propagándose ante la satirización de la sociedad, ante el menosprecio de los más. No hay mayor peligro que ignorar la amenaza, dejar que por flojera, lástima o menosprecio se organicen, se estructuren, tomen el poder y cuando menos nos demos cuenta estén tomando protesta; y de eso hay tantas referencias en la historia.

Un testimonio del holocausto relata muy bien a lo que le temo:

“Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista. Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío. Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista. Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante. Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada”

Martin Niemöller

Les advierto de una última forma; podemos ir a ganar las plazas, a cambiar su pensar y empujarlos hacía la lucha legítima democrática, a olvidarse de sus odios y entonces sí, competir por el poder.

O podemos esperar a que nos arrebaten el poder, y si hay valor, resistir desde las trincheras, cárceles o celdas en las que nos coloquen. Dar nuestras vidas por recobrar lo que ahora bien podemos defender.

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